La niebla es de los fenómenos atmosféricos que más reducen la visibilidad en carretera. Igual que un aguacero intenso, puede dejar al conductor prácticamente sin campo visual efectivo, con los evidentes riesgos que la situación conlleva.

¿Qué hacer al volante si hay Niebla?

Lo primero es encender las luces antiniebla, con el objetivo de ver y ser vistos. La trasera es obligatoria y la llevan todos los coches y, si el modelo cuenta además con faros de bruma anteriores, también deben conectarse.

Se debe adaptar la velocidad a la visibilidad disponible. Si la niebla es ligera y el conductor tiene todavía perspectiva suficiente, bastará con reducir el ritmo y ampliar la distancia de seguridad de forma proporcional a la pérdida de visión, para contar con tiempo de reacción y, llegado el caso, poder frenar ante un imprevisto.

Si la bruma es más densa, en cambio, hay que extremar las precauciones y reducir drásticamente la velocidad, porque la humedad en suspensión puede comportarse como un muro sólido y el conductor apenas ve unos pocos metros. Y el riesgo de accidente, ante cualquier complicación que pudiera surgir, es elevado.

Y para evitar alcances por detrás, frenar alternativamente, para que las luces parpadeen, ayudará al resto del tráfico a conocer nuestra posición,

Cuando la niebla se haya disipado, eso sí, hay que apagar las luces antiniebla, tanto las anteriores como las posteriores, porque su intensidad lumínica resulta especialmente molesta para los demás conductores,

Bajar las luces y no poner las largas

Este muro de niebla cerrada se comporta como un espejo, y conviene no caer en la tentación de conectar más luces de las necesarias, como las largas, porque el haz se reflejará en la cortina de humedad y, lejos de ayudar al conductor, podría reducir aún más su capacidad visual, llegando incluso a cegarle.

Pero no solo hay que evitar conectar las largas, también sería recomendable bajar un poco las luces de carretera, las de uso habitual, para que no reboten de frente contra el telón de niebla.

Usar correctamente las luces

Uno de los errores habituales es recurrir a las luces largas, consiguiendo el efecto contrario: estas luces se reflejan en la niebla y reducen la visibilidad, molestando además al resto de conductores. Por eso, hay que optan por las luces de cruce y posición.

Adecuar la velocidad

Dejarse llevar por el ansia de abandonar cuanto antes ese tramo de visibilidad reducida (y pisar el acelerador más de la cuenta) es una idea nefasta. Resulta lógico pensar que, si no se ve lo que está delante a partir de, más o menos, un kilómetro, tal vez aparezca un coche sin tiempo para reaccionar.

Frenar intermitentemente

Conviene frenar de manera intermitente, porque esto sirve también para lanzar señales luminosas a los vehículos que vayan por detrás y así dejar constancia de la posición del coche a una mayor distancia.

No parar en el arcén

Un coche detenido en el arcén puede convertirse en un obstáculo o motivo de distracción para otros conductores. También es una alternativa bastante recurrente: parar fuera del carril y esperar a que a la niebla se disipe un poco. No es una buena idea y lo mejor será, en caso de querer detenerse, esperar a la siguiente gasolinera.

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