La Unión Europea busca cómo proteger el planeta del cambio climático, de manera que los Estados miembros se comprometieron a cumplir una serie de objetivos antes del 2030, para reducir las emisiones un 55% respecto a las emisiones de 1990. En caso de no hacerlo, Bruselas les castigaría con multas de gran envergadura económica.

El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia recuerda que “la combustión del gasóleo provoca emisiones de NO2 y de otras partículas contaminantes que afectan a la calidad del aire de las ciudades” y por ello contempla “la revisión de las bonificaciones de los hidrocarburos utilizados como carburante para la equiparación progresiva de los tipos impositivos en atención a su poder contaminante”.

El objetivo de equiparar los precios de diésel a la gasolina fue porque “esta diferencia se basó en la creencia de la menor contaminación de la combustión del diésel, pero en la actualidad se ha demostrado que, para un mismo nivel tecnológico de motor, la contaminación no es inferior”.

Esa brecha era de 11 céntimos por litro y para minimizarla, la intención del Ministerio de Hacienda pasaba por incrementar los impuestos del diésel en 3,8 céntimos por litro. De esta manera, se vería un aumento de 2,3 euros más en un deposito medio de 50 litros, mientras que su gasto mensual se incrementaría en unos 3,45 euros y supondría una subida de 41,4 euros más al año.

Finalmente, su propósito era hacer la subida del precio del carburante diésel para el final de la legislatura, pero la inflación que ha provocado la Guerra de Ucraina, no deja cabida plantearse esta reforma, y resulta en detenerla una vez más.

Aún así, eso no significa que no haya ningún tipo de subida. Se plantean una subida en los impuestos que ya pagamos de forma rutinaria. Así que estaremos atentos de los acontecimientos en el transcurso del año.

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